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La Familia: compañía por acciones

Por mucho tiempo me ha llamado la atención la constitución o formación de una sociedad. Sobre todo en lo que concierne al grado de responsabilidad de cada uno de los integrantes de la misma. También deben ser definidos los roles que han desempeñar los miembros o integrantes de dicha sociedad. Claro, cabe destacar que las acciones, internas y externas deben ser encaminadas a la consecución del logro del éxito. Por lo tanto los niveles de cuidado, vigilancia, abnegación, comprensión y entrega son los que determinarán la sobrevivencia o muerte, éxito o fracaso.

Traspolando la realidad de lo que ocurre al formar una sociedad a la formación de un hogar, quiero enfatizar, desde mi óptica, que la constitución de un hogar es y debe ser la mayor y mejor de todas las sociedad. Los accionistas, marido y mujer deben en igualdad de condición reconocer cuáles son sus roles. Y al mismo tiempo respetar sus individualidades.

Pregunto, ¿cuál es valor e importancia que se le está brindando a la formación de un hogar? ¿cuál es el nivel de compromiso y responsabilidad de los socios? ¿Cuán dispuestos están los socios a sacrificar sus intereses personales e individuales en aras del éxito de la sociedad que con tantos sueños fue formada?

Reflexionado en estas interrogantes comparto con ustedes las palabras de una autoridad en la materia. Cito: “Resuelvan los fundadores del hogar que vivirán conforme a un plan más sabio. Sea su fin primordial hacer agradable el hogar. Asegúrense los medios para aligerar el trabajo, favorecer la salud y proveer comodidad “. (El Ministerio de Curación, pág. 285.)

La formación de un hogar es una obra conjunta. Esta no concluye con el matrimonio, sino por el contrario traza las pautas de su inicio. Por lo tanto los fundamentos que se establezcan serán las armaduras de garantías de éxito. Al mismo tiempo lo que permitirá enfrentar con gallardía las dificultades que se puedan presentar en la carrera de progreso del hogar.

“Aunque se susciten dificultades, congojas y desalientos, no abriguen jamás ni el marido ni la mujer el pensamiento de que su unión es un error o una decepción. Resuélvase cada uno de ellos a ser para el otro cuanto le sea posible. Sigan teniendo uno para con otro los miramientos que se tenían al principio. Aliéntense uno a otro en las luchas de la vida. Procure cada uno favorecer la felicidad del otro. Haya entre ellos amor mutuo y sopórtense uno a otro. Entonces el casamiento, en vez de ser la terminación del amor, será más bien su verdadero comienzo. El calor de la verdadera amistad, el amor que une un corazón al otro, es sabor anticipado de los goces del cielo. (Ibídem, págs. 278, 279.)

¿Cuál es tú actitud frente a todo lo expuesto? Te invito a reflexionar y al formar la sociedad del hogar, lo hagas con la certeza de que tu socia/o está dispuesto, como tú a hacer todo lo posible por el éxito de su empresa.

Luis Emilio Segura

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