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Rafael Díaz Niese, director de Bellas Artes

Rafael Díaz Niese, director de Bellas Artes

Rafael Diaz Niese, director de Bellas ArtesEl 1ro. De Mayo de 1897 nació en la ciudad costera de Puerto Plata Rafael Díaz Niese, hijo de Rafael Díaz (dominicano) y la alemana Dolores Niese.

Gracias a la holgada condición económica que disfrutaba su familia pudo recibir una esmerada formación educativa. De tal suerte, realizó sus primeros estudios en Santiago y a temprana edad se trasladó a España, donde acudió a clases de pintura en Barcelona y Madrid. Más adelante, se doctoró en Medicina y Filosofía, en la Universidad de La Sorbona (París, Francia), con especialidad en Siquiatría. Completó su formación académica e intelectual en Núremberg –Alemania- y en Bruselas –Bélgica- y realizó viajes de placer por diferentes lugares del mundo, lo que le permitió compenetrarse con lenguajes y dialectos hasta convertirse en un destacado políglota que dominaba más de 9 idiomas.

Tras su regreso a la patria, en 1939, desarrolla todo un movimiento cultural y social que revolucionó el quehacer de la taciturna intelectualidad criolla que, en ese entonces, sobrevivía apenas, acogotada por los efectos de la censura decretada por la dictadura trujillista.

Asumió la Cátedra de Historia del Arte, en la Universidad de Santo Domingo y de manera concomitante inició una labor epistolar a través de la redacción de artículos de opinión y crítica de arte, para ser publicados en los periódicos La Nación, La Opinión y El Caribe así como enjundiosos ensayos especializados sobre temas de arqueología, música, arquitectura, filosofía, pintura y cultura general, los cuales estaban destinados a enriquecer las páginas de la prestigiosa publicación cultural Cuadernos Dominicanos de Cultura, de la que llegó a ser uno de sus directivos, junto a otros distinguidos intelectuales dominicanos.

A partir de su designación, en 1940, como Director de la recién creada Dirección Nacional de Bellas Artes, emprende una dinámica cruzada en pro de la expansión y democratización de las artes, para el conocimiento y disfrute de toda la colectividad. Esa denodada labor trajo como resultados la creación del Conservatorio Nacional de Música y Declamación, la Orquesta Sinfónica Nacional y la Escuela Elemental de Música, con extensiones en las principales comunidades fronterizas del país, tales como Enriquillo, Bánica, Dajabón, Neyba, Jimaní, El Cercado, La Descubierta, Restauración, Loma de Cabrera, Elías Piña y Hondo Valle.

Ejecutó novedosos programas de apoyo a estudiantes y artistas talentosos, promovió el otorgamiento de becas a alumnos de bajos recursos y les otorgó facilidades para el montaje de sus exposiciones pictóricas, tanto en el país como en el extranjero. Propició la creación de la Galería Nacional de Bellas Artes, a través de la adquisición de obras de los más reputados artistas del país, institucionalizó la realización de las Bienales Nacionales de Arte, a partir de 1942 y, entre otras cosas, dispuso sus mayores esfuerzos en pro de la modernización y expansión del antiguo Museo Nacional, convertido en la actualidad en Museo del Hombre Dominicano.

En adición a la estela luminosa que implantó en los medios culturales y la profunda influencia que dejó en el seno de la intelectualidad dominicana, fue autor de diversas publicaciones entre las que resalta La Alfarería indígena dominicana, Paul Válery, Un rostro de esfuerzo artístico, La vida itinerante, Notas sin importancia y El existencialismo de Jean Paul Sartre, así como los ensayos Las ruinas del Convento e Iglesia de San Francisco y La Catedral Primada de América, Tres Artistas Dominicanos, Notas sobre el Arte Actual, Un Lustro de Esfuerzo Artístico y Creación y Comprensión, entre otros.

Como parte de sus ejecutorias de estímulo al surgimiento de nuevos valores en las diferentes modalidades del arte, propició la realización de exposiciones ambulantes de pintura, dibujo y grabado que tenían por escenario las diferentes escuelas de arte y música establecidas bajo su iniciativa al frente de la Dirección de Bellas Artes.

Mientras dirigía uno de esos novedosos eventos visitó, por primera vez, la población de Loma de Cabrera. La impresión que recibió en esta pintoresca comunidad fronteriza enclavada entre montañas, con sus descollantes paisajes surrealistas, sus calles y viviendas impregnadas del incontaminado sabor pueblerino y con sus ríos de impetuosas y cristalinas aguas, le impactó de tal manera que quedó prendado para siempre de la población y sus gentes. A tal extremo que, en una repentina actitud, que solo tiene cabida y explicación en el ámbito de lo insondable, planteó en tono profético su soberana petición, como voluntad postrera, de ser enterrado en el cementerio de la citada localidad al llegar la hora de su muerte.

Tal vez intuía la cercana llegada del encuentro con la parca, puesto que el 14 de marzo de 1950 falleció en el Park East Hospital de la ciudad de Nueva York, víctima de una fatal dolencia que minó su resistencia hasta arrancarle la vida.

Arribando a los 53 años, con el espíritu lleno de vigor, en plena capacidad productiva y total dominio de sus facultades, Rafael Díaz Niese abandonó el mundo de los vivos, dejando a la posteridad una provechosa cosecha de logros en el plano cultural cuyos efectos gravitarán, por siempre, en los registros nacionales.

Sus restos fueron trasladados de vuelta al país, y en atención a su postrer pedido se procedió a darles cristiana sepultura, sin lujos ni ostentaciones, en una humilde fosa del cementerio de Loma de Cabrera, de cara a los enhiestos y erizados pinares del Cerro Chacuey.

Para quienes valoran las acciones nobles, encaminadas por seres de naturaleza superior, que son paradigmas de la humanidad, el curso de la vida de Rafael Díaz Niese, su profundo legado cultural y la contrastante humildad y sencillez de la tumba en donde reposan sus restos mortales constituye un claro ejemplo de lo que debe ser el comportamiento humano, alejado de la fatuidad y en plena convivencia y respeto con los demás componentes de la Creación.

En su memoria y homenaje, en el pueblecito que tanto le impresionó en vida, se dispuso la erección de un plantel escolar, que lleva su nombre. A su vez, el Municipio dispuso la asignación del nombre de este prestigioso intelectual dominicano a una modesta vía que empalma el cementerio y la escuela citada.

– IV –

Nunca será suficiente el tributo que ofrendemos a la memoria de los hombres que lo dieron todo por nuestra Patria. Y esa veneración debe ser más consecuente y expresiva en personajes como José Cabrera y Rafael Díaz Niese, quienes, desde sus dimensiones particulares y cada cual en su momento, amaron de tal manera a esta región, que enlazaron sus vidas y sus recuerdos, para siempre, con el nombre del bucólico terruño de Loma de Cabrera.

En lo que a mi concierne, me sentiré gratamente complacido si, en lo adelante, las nuevas generaciones que calientan butacas en los planteles escolares de este pueblo, levantan la frente en alto y se empeñan con tesón en sus estudios, en aras de lograr su superación personal, orgullosos de conocer el descollante papel que jugaron esos dos paladines, defensores a capa y espada de los valores patrios y la cultura nacional.
sergioreyes1306@gmail.com

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