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Un día como hoy 28 de Febrero, pero del año 1971, el profesor Juan Bosch publica en el periódico El Nacional sus páginas 11 y 12, que en realidad, nosotros deberíamos celebrar el nacimiento de la República los 28 de febrero, pues lo que comenzó en la noche del 27 fueron los preparativos para tomar la ciudad de Santo Domingo; pero la separación de Haití empezó verdaderamente en la mañana del día 28, cuando el jefe militar haitiano, el general Desgrotte, resolvió entrar en negociaciones con los dominicanos.

Un día como hoy 28 de Febrero, pero del año 1971, el profesor Juan Bosch publica en el periódico El Nacional sus páginas 11 y 12, que en realidad, nosotros deberíamos celebrar el nacimiento de la República los 28 de febrero, pues lo que comenzó en la noche del 27 fueron los preparativos para tomar la ciudad de Santo Domingo; pero la separación de Haití empezó verdaderamente en la mañana del día 28, cuando el jefe militar haitiano, el general Desgrotte, resolvió entrar en negociaciones con los dominicanos.

Profesor Juan Bosch fotos históricas de cuando era presidente.

Profesor Juan Bosch fotos históricas de cuando era presidente.

El Nacional de ¡Ahora!, Santo Domingo, 27 de febrero de 1971, pp.11-12.

Dominicanos:

Desde los primeros tiempos de la República nos hemos acostumbrado a celebrar su nacimiento el 27 de febrero de cada año a partir de las primeras horas del día. Y la verdad es que fue a las 10 de la noche del 27 de febrero de 1844 cuando comenzaron a reunirse en la Puerta del Conde los que estaban en el complot para separar nuestro país de Haití. Fue después de las 10 cuando Mella disparó su célebre trabucazo. Debe haber sido cerca de las 12 cuando el hijo del Presidente haitiano disparó unos tiros de pistola. Era ya en la madrugada del día 28 cuando sonaron otros tiros disparados desde Pajarito, que así se llamaba hasta hace poco el barrio que está del lado este del río Ozama, conocido hoy por Villa Duarte.

A esos tiros de Pajarito respondieron tres tiros de la gente que estaba en la Puerta del Conde, y luego volvieron a sonar tiros en la Capitanía del Puerto, esto es, cerca de la Puerta de San Diego. Estos últimos disparos, considerados innecesarios por el historiador José Gabriel García, causaron la muerte de un hombre, única víctima del movimiento en esa primera etapa.

* El Nacional de ¡Ahora!, Santo Domingo, 27 de febrero de 1971, pp.11-12.

En realidad, nosotros deberíamos celebrar el nacimiento de la República los 28 de febrero, pues lo que comenzó en la noche del 27 fueron los preparativos para tomar la ciudad de Santo Domingo; pero la separación de Haití empezó verdaderamente en la mañana del día 28, cuando el jefe militar haitiano, el general Desgrotte, resolvió entrar en negociaciones con los dominicanos.

De acuerdo con esas negociaciones, el jefe haitiano se comprometió a entregar la plaza de Santo Domingo a la junta de Gobierno Provisional formada por los dominicanos el día 29, pues el año del nacimiento de la República Dominicana fue bisiesto.

Para darnos cuenta de la situación del país en esos momentos tenemos que colocarnos en aquellos tiempos. Los dominicanos eran entonces menos de 150 mil, de los cuales no muchos más de 15 mil serían hombres adultos; habría unas 15 mil mujeres adultas y unos 120 mil jóvenes de menos de 21 años, y niños.

En el barrio Los Mina, de la Capital debe haber hoy unas 110 mil, tal vez 120 mil personas, de manera que si le agregamos a Los Mina de 30 a 40 mil habitantes tendremos en un solo barrio de la Capital el mismo número de personas que había en todo el país.

Siete años después del 27 de febrero de 1844, en La Vega había sólo 360 casas, de las cuales muchas eran bohíos; la población de Moca era de 830 personas; la de Santiago, 3 mil 222, lo que indica que en Santiago no podía haber más de 600 casas, contando en ellas los bohíos, que con toda seguridad eran mayoría; en Puerto Plata no podía haber más de 400 viviendas, porque la población era de 2 mil personas; en San José de las Matas no podía haber más de 40 viviendas, pues sus habitantes eran 234; Sabaneta, hoy Santiago Rodríguez, tenía 45 bohíos, Montecristi 22, en los que vivían mil 100 personas En la Capital, donde está hoy el edificio Baquero, había una casa de techo de cana; dentro de la muralla, la mayoría de las viviendas eran de madera, yaguas y pisos de tierra, y fuera de la muralla todo era campo. Como debemos suponer, las tiendas de entonces eran pulperías, y las pulperías eran ventorrillos. Ocho años después del 27 de febrero, según contó el escritor Angulo Guridi en su libro Examen crítico de la Anexión a España, el aspecto de la Capital era el siguiente: “…las calles llenas de surcos, cubiertas de yerbas, muchas, muchísimas casas en ruinas”.

La mayoría de las casas tenían los frentes llenos de musgo. Los muebles de esa mayoría de casas eran “taburetes viejos, y una o dos hamacas en las salas”. Dice el escritor que eran muy abundantes lo que él llama los “comercios humildísimos”, que consistían en “frutos del país, y algunas otras bagatelas colocadas unas en el suelo y otras en una tabla que descansa sobre dos barriles, todo ello cerca de la puerta de la calle”.

Si eso sucedía en plena capital, podemos imaginarnos lo que pasaba en el resto del país. Lo único que se producía entonces, aparte de plátanos, batatas, yuca, frijoles, tabaco y la madera que se cortaba en los montes, eran árganas para el tabaco, aparejos de hojas de plátano, sombreros de cana, cachimbos y tinajas y ollas de barro, macutos y artículos parecidos a esos. Los productos que se vendían en el extranjero eran principalmente madera y tabaco, algunos cueros y alguna cera de abejas.

En el año 1844 el país era muy pobre, y además estaba empobrecido por el fuerte terremoto del 7 de mayo de 1842, que destruyó varias poblaciones haitianas y dejó muy mal parada la Capital y peor aún Santiago. Pero había sido mucho más pobre en 1822, cuando los haitianos ocuparon nuestra tierra.

No vaya nadie a pensar que los haitianos vinieron aquí por la fuerza; entraron en el país y ocuparon la Capital sin disparar un tiro. La verdad es que muchos dominicanos invitaron a los haitianos a venir y que el Pueblo los recibió como amigos. La explicación para que los recibiera así es la siguiente: antes de que los esclavos de Haití comenzaran su guerra contra los amos franceses, Haití era uno de los países más ricos de América, y en cambio, nosotros, que éramos entonces españoles, formábamos uno de los más pobres. Debido a su gran riqueza, Haití necesitaba cosas que nosotros le vendíamos; por ejemplo, mulos, caballos, reses, andullos. Ese comercio con Haití fue, económicamente, lo más importante para nosotros durante varios años.

Vino entonces el levantamiento de los esclavos haitianos, y para mantener la guerra contra ellos sus amos franceses tenían que seguir comprando cosas nuestras; luego, en el 1793, comenzó la guerra de España contra Francia, que terminó en el 1795, y al acabarse la guerra España le cedió nuestro país a Francia, aunque seguimos gobernados por autoridades españolas hasta principios de 1801. Al pasar a ser franceses, como es natural, los franceses de Haití compraron otra vez productos nuestros; y así estuvimos negociando con Haití hasta comenzar el año de 1804, cuando los haitianos se declararon independientes de Francia y nosotros, que éramos una colonia francesa, pasamos a ser oficialmente enemigos de Haití; tan enemigos, que los haitianos nos invadieron en el 1805, y no, como han dicho muchos historiados, porque nos tuvieran odio, sino para adelantarse a los franceses que nos gobernaban, que según pensaban los haitianos, estaban preparando un ataque a Haití.

En el 1808 y el 1809 fue la guerra nuestra contra los franceses, la que se conoce en la historia con el nombre de la Reconquista, cuyos jefes principales fueron Juan Sánchez Ramírez y Ciriaco Ramírez. Esa guerra empobreció la región de la Capital, a tal extremo que acabó con el ganado de la zona y hasta con la caña.

Al terminar la guerra el país quedó en mala situación y además bajo la bandera de España, lo cual agravaba nuestra situación, porque España había sido invadida por los franceses y comenzó una guerra terrible, que no le permitía al Gobierno español darle la menor ayuda a Santo Domingo. La situación de miseria general se prolongó más de diez años.

Como es natural, la poca gente que en esa época hacía negocios tenía que recordar los años anteriores, los de los negocios con Haití, como algo muy bueno. Todavía no hace mucho se oía con frecuencia a la gente decir que los tiempos de antes eran mejores que los suyos, y en esos años de 1810 a 1822 seguramente la gente de nuestro país estuvo oyendo hablar de lo bueno que habían sido los años de negocios con Haití. Con esa propaganda pasada de boca a oreja llegó la hora en que la gran mayoría de los dominicanos crían que la salvación del país estaba en unirse a Haití.

Además, hay que darse cuenta de que nosotros teníamos esclavos; serían unos 25 mil, y no estaban sometidos a una explotación parecida a la que por esos días de 1820 y tanto sufrían, por ejemplo, los esclavos de Jamaica, de Cuba, y de los Estados Unidos; pero eran esclavos, y no podían estar contentos con su condición.

Ahora bien, en Haití se había acabado la esclavitud; todos los antiguos esclavos de Haití eran libres; muchos eran generales, otros eran dueños de fincas y de casas y de negocios; de manera que a lo que seguramente pensaban los hombres de negocios de nuestro país hay que agregar lo que pensaban los esclavos nuestros, los cuales creían con razón, que si pasábamos a ser gobernados por los haitianos serían declarados libres.

Si las cosas sucedieron tal como estoy contándolas, entonces debemos darnos cuenta de que allá por el 1820 hubo un momento en que los dominicanos de arriba y los de abajo, o lo que es lo mismo, el grupo social dominante y el grupo social explotado, tenían un interés común, coincidían en que la solución para los problemas de los dos grupos era la unión con Haití. Probablemente un momento histórico como ese, el de la coincidencia de los de arriba y los de abajo, no se había dado antes en nuestra tierra.

Por eso se explica que desde aquí fueran llamados los haitianos y que al entrar en nuestro país fueran bien recibidos lo mismo por los grandes propietarios que por la gente más humilde. Pero hay algo muy curioso, y es que también al Gobierno de Haití, cuyo presidente se llamaba Jean Pierre Boyer, le resultaba conveniente la ocupación de nuestro territorio, porque al ocuparlo resolvía un problema serio para él. De manera que la coincidencia fue general.

¿Por qué los intereses del Gobierno de Haití coincidían con los de los dos grupos sociales dominicanos que hemos mencionado, el de los grandes propietarios y el de los esclavos?

Por esto que les voy a decir. Después de muchos líos, Haití acabó dividido en dos países; una república, que estaba en la parte sur, cuyo presidente se llamaba Alejandro Petión, y un reino, que estaba en la parte norte, cuyo rey se llamaba Henri Primero. Este Henri Primero había sido, antes de convertirse en rey, el célebre general Cristóbal, el que había tomado a sangre y fuego a Santiago en el año de 1805 y había quemado Cabo Haitiano en 1802, para evitar que los franceses tomaran esa ciudad.

La capital de la República de Haití era Puerto Príncipe, como es hoy, y la capital del Reino de Haití era Cabo Haitiano. Petión había repartido las tierras de la república, pero el rey Henri Primero había conservado las grandes fincas, tal como habían sido en tiempos de Francia, y se las había dado a sus oficiales, a quienes había nombrado duques, marqueses y condes. En marzo de 1818 murió el presidente Petión, y el general Jean Pierre Boyer, que era el jefe de sus ayudantes militares, pasó a ser Presidente, y sucedía que este Boyer no simpatizaba con la reforma agraria que había hecho el general Petión, pero no podía ni pensar siquiera en quitarles sus tierras a las gentes del Pueblo, porque eso hubiera significado un levantamiento inmediato de la mayoría de los habitantes de la república.

En eso se produjo lo inesperado; y fue que allá por octubre de 1819 el rey Henri Primero, que era un tirano en toda la regla, sufrió un ataque de parálisis mientras estaba pasando revista a sus tropas y se cayó del caballo; y al verlo caído las tropas se le sublevaron. Henri Primero se dio un tiro en la cabeza y comenzó en el reino de Haití una etapa de caos que sólo terminó cuando el presidente Boyer entró en el reino y lo proclamó unido a la república. Así vino a suceder que al terminar el año de 1819, todo Haití era una república; pero sucedió también que el presidente Boyer se halló con que las tropas del difunto rey y, especialmente, los oficiales de esas tropas, pedían las tierras de los antiguos duques, marqueses y condes, y el general Boyer no quería dárselas porque él no era partidario de repartir tierras, sino al contrario, era partidario de conservar las grandes propiedades tal como habían sido.

El presidente Boyer se encontraba en ese conflicto cuando empezaron a llegarle invitaciones de nuestro país para que lo uniera a Haití, y resultaba que en nuestro país, donde había muy poca gente, como expliqué al principio de estas palabras, sobraban grandes cantidades de tierras; había tierras de más; de manera que los acontecimientos se le presentaban a Boyer a su acomodo, porque se le juntaban, como dice el Pueblo, las ganas de comer y la comida.

Pero sucedía que todavía nosotros éramos españoles, y aunque España estaba lejos de aquí, Puerto Rico y Cuba, que eran territorios españoles, estaban muy cerca, de donde venía a resultar muy peligroso para los haitianos meterse en nuestro país.

Entonces, preguntarán algunos de ustedes, desde luego, los que no han estudiado historia, ¿cómo fue que a pesar de todo vinieron los haitianos?

Pues sucedió algo que parece hecho por un brujo de la historia, pero que en realidad fue el resultado natural de la historia dominicana. Y fue lo siguiente: además de lo que podríamos llamar, para que ustedes lo comprendan mejor, aunque en realidad científicamente no se llama así, el grupo de los de arriba, que eran negociantes propietarios grandes y medianos de tierras y de ganado, pero no tenían verdaderamente dinero porque el país era muy pobre, había un pequeño grupo de personas que siendo dominicanos porque habían nacido y vivido aquí, desempeñaban los puestos más importantes del Gobierno del país, salvo el de gobernador, pues éste era español de España, no de Santo Domingo. Esa gente formaba lo que en la ciencia social se llama sector burocrático, palabras que significan empleados oficiales.

Paro ese pequeño grupo, la unión con Haití no representaba ninguna solución; al contrario, podría significar el fin de su condición de altos funcionarios o empleados. El jefe de ese grupo se llamaba don José Núñez de Cáceres.

Ahora bien, Núñez de Cáceres y sus compañeros y amigos se daban cuenta de que la mayoría de los dominicanos no querían seguir siendo españoles; y entonces planearon una salida a la situación, que consistía en que el país no siguiera siendo español, pero que tampoco pasara a ser haitiano; y así fue como el día 1° de diciembre de 1821, Núñez de Cáceres y sus compañeros y amigos declararon que nuestro país pasaba a llamarse Haity Español y se colocaba bajo el protectorado de Colombia, que era entonces un país enorme, en el que se hallaban unidos lo que hoy son Panamá, Colombia, Ecuador, Venezuela y la Guayana inglesa, cuyo gobernante era Simón Bolívar.

Si ustedes ponen un poco de atención podrán darse cuenta de que Núñez de Cáceres y su grupo de burócratas planearon bien las cosas, sólo que las planearon sin basarse en la realidad.

Le pusieron al país el nombre de Haity Español creyendo que con eso quedaban bien con Haití y con España, y lo colocaron bajo el protectorado de Colombia creyendo que con eso impedían que los españoles de Puerto Rico y Cuba enviaran soldados a ocuparnos, porque como Colombia se hallaba en guerra contra España, si los españoles mandaban ejércitos aquí, Bolívar los mandaría también para combatirlos.

Además, debieron pensar que como Bolívar había sido un gran amigo del difunto presidente Petión, que había muerto hacía menos de cuatro años —pues Petión le había dado en dos ocasiones grandes ayudas para sus luchas contra España—los haitianos no se atreverían a provocar a Bolívar entrando en nuestro país.

Pero sucedió que cuando Bolívar vino a enterarse de que los dominicanos se habían puesto bajo su protección, ya el presidente Boyer estaba en la Capital, ciudad a la que llegó el 9 de febrero de 1822. El propio Núñez de Cáceres le entregó al jefe haitiano las llaves de la ciudad, que era la forma que se usaba en esos tiempos para hacer entrega de un país o de una ciudad a otro país.

Así, pues, Haity Español duró exactamente dos meses y nueve días y ese corto período se conoce en nuestra historia con el nombre de Independencia Efímera. Efímera, como ustedes saben, quiere decir pasajera.

La ocupación haitiana de nuestro país se llevó a cabo sin que sonara un tiro; más aún, Boyer y sus tropas fueron bien recibidos en todas partes; y así, o casi así, sucedió con la independencia, pues en realidad los tiros que sonaron en la noche del 27 al 28 de febrero de 1844 fueron muy contados, y el único muerto esa noche fue un marinero que no murió en combate, porque no hubo combate. Las pocas tropas que tenía en nuestro país el Gobierno de Haití estaban compuestas en su mayoría por dominicanos, aunque los jefes fueran haitianos, y esos militares dominicanos eran partidarios de la separación.

La lucha armada comenzó algunos días después, cuando el Gobierno de Haití mandó dos ejércitos, uno por el sur y otro por el norte, para obligar a los dominicanos a seguir siendo haitianos. La primera batalla fue la del 19 de Marzo, que se dio en Azua, y como ustedes saben, ahí quedó derrotado el Ejército de Haití; la segunda, fue la del 30 de Marzo, que se dio en las afueras de Santiago, donde también quedaron derrotados los invasores. De la misma manera que la mayoría de los dominicanos estuvieron unidos en 1822 en favor de la idea de que pasáramos a ser parte de Haití; así la mayoría de los dominicanos estuvieron unidos en el 1844 a favor de la idea de que formáramos una patria independiente llamada República Dominicana.

En veintidós años, las ideas y los sentimientos de nuestro pueblo habían cambiado porque habían cambiado sus intereses.

Pero la explicación de ese cambio es otra historia, de la cual les hablaré cuando sea oportuno.

Hasta el lunes, si Dios quiere, dominicanos.

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